HISTORIAS DE DARÍO VALLE
POP LATINO O FIN CULTURAL
Por: Darío Valle Risoto
Técnico en Comunicación Social
Hace más de dos décadas el fenómeno de la música tropical en Uruguay se ha instalado en una forma casi total en nuestro país, un estilo artístico que en principio era distintivo de la clase más baja de la sociedad y que fue manifiestamente marginado de otros tipos de música, hoy no conoce fronteras económicas ni culturales. Los grandes medios de comunicación, especialmente las radios de F.M. han incorporado progresivamente esta manifestación nacida y transformada desde Centroamérica a esta parte del sur del mundo.
Hay una “Uruguayisación” de todos los aportes culturales que han enriquecido nuestro acervo, sin embargo tanto defensores como detractores concuerdan en que la música tropical ha evolucionado a lo que hoy se etiqueta como: “Pop Latino”, cuando escribo evolución me refiero a movimiento y no a perfeccionamiento, porque eso no merece discusión, salta a la vista “o al oído” que desde las grandes orquestas de antaño y cito: Combo Camagüey, Latino, Antillano, Cienfuegos, Casino, etc., al sonido sumamente simple, machacón y repetitivo de hoy, sin duda que algo se ha perdido en complejidad, arreglos y estilo.
No es nuevo que hay una música que nace como manifestación artística, como modo de expresión y otra llamada “comercial” que se fabrica para un público felizmente poco exigente y que en su gran mayoría no acepta las innovaciones. Por lo tanto el fenómeno del Pop Latino en Uruguay podría verse como la manifestación de un deterioro cultural que heredamos de largo tiempo, la economía en crisis, los recortes en la educación, el desempleo y la pérdida de valores y códigos de relacionamiento, nos han deparado una sistemática simplificación de todo lo que se llame “entretenimiento” o lo que es peor: “Arte”.
De la puesta en escena de las grandes orquestas poco queda, hoy una suerte de remedos de Back Street Boys o los olvidables “Menudo”, ensayan coreografías de tablado, suerte de parodistas contagiados del Cuarteto Argentino y la Cumbia Villera, nos interpretan canciones que van de lo picaresco a lo sencillamente obsceno. Curiosamente la gente se divierte y cuando la gente la pasa bien parece que esta todo permitido.
Una legión de gente humilde va todos los fines de semana a los bailes en Montevideo e Interior, hay un movimiento de un público excepcionalmente fiel a uno o varios grupos, se saben las letras de memoria y nos basta con tomar un ómnibus, un taxi o caminar por cualquier calle de la ciudad para encontraron con esa suerte de sonido repetitivo: “Chiquichi chiquichí”, en autoradios, galerías céntricas y hasta en fiestas y convenciones nos deleitan nuestros paisanos con esa manifestación de cultura.
Sin embargo hay una ausencia manifiesta de mensaje, se deteriora en lo genital y las patologías del hacinamiento mental proliferan cuando en varios trabajos discográficos hay una obsesiva y constante repetición de un esquema simplificado a su máxima potencia. La Cumbia Villera Argentina aunque panfletaria, ensaya una suerte de mensaje social que en nuestro país parece cosa prohibida habida cuenta que muchos músicos son tan pobres como nuestros hermanos y sufren de su misma suerte, lo extraño es que la música tropical uruguaya ensaya una auto censura política tal vez porque heredó la buena salud que tuvo durante la dictadura donde por ejemplo: el canto popular y el Rock’n Roll fueron prácticamente prohibidos.
Tampoco hay interés por innovar, es cierto que algunos grupos han incorporado el candombe y hasta el Rap, también es cierto que hay muy buenos músicos en varios grupos, gente que se ha interesado por profesionalizarse, por escribir y leer música y hasta por mejorar técnicamente, sin embargo la simplificación ha llegado a límites que dañarían el oído de un fan del Club del Clan y esto es mucho decir.
Indudablemente que es a través de las manifestaciones artísticas donde se conoce mejor a los pueblos y me alarma la pérdida de aquel antaño gusto por la música de los Uruguayos, hoy parece que instintivamente como los corderos, los individuos vamos masificados a probar productos culturales prefabricados, igualitos, exactos, donde los hits de hoy serán iguales a los de ayer y a los de mañana..
Hay todo un particular mundo en la música tropical uruguaya digno de estudios más profundos, hay nuevos códigos que se han instalado y la frontera entre el ayer y el hoy parece insalvable, la nueva juventud en su mayoría es muy poco exigente, los principales argumentos de los encuestados frente al consumo de estos productos son los siguientes:
1-“Por que es lo que se escucha”
2-“Porque es divertida”
3-“Porque es nuestra”
En el primer caso una suerte de decreto oculto manifiesta que lo que todos hacen está bien, que las mayorías tienen la razón, que los medios difunden lo “que se escucha” porque es la respuesta de un estado de cosas, de necesidad.
El segundo caso se explica en sí mismo, felizmente la gente probablemente se deje por el ritmo machacón, divertido, sabrosón, azucarado y poco le importen por ejemplo: la sucesiva y obsecuente utilización de la mujer como especie de pedazo de carne culón que hace sufrir y produce placer en partes iguales en la mayoría de las letras. El machismo se deja sentir de su peor forma, busquemos una letra que siendo “divertida” nos pinte un solo caso donde haya al menos una mujer que no sea una mina fácil.
Desde luego que hay cierto tipo de baladas románticas en el Pop Latino, como si metiéramos todas aquellas canciones de los añosos teleteatros Argentinos, los mezclemos con la profusa discografía de Pimpinela y los aderecemos con dos gotas de María Martha Serra Lima o Camilo Sexto. La canción melosa también puede ser diversión.
Por último el término: “Lo nuestro” encierra una especie de Neo nazismo peligroso ya que no es argumento sostener que por nacional un producto artístico tenga un valor agregado, a menos que este se destaque por si solo, entonces “lo nuestro” podríamos admitirlo luego y no antes. ¿Es mejor un Carlos Gardel Uruguayo que un Carlitos Argentino o Francés?.
